La utilización del “buceo”, al principio de la historia, era prometedora en el terreno militar y el comercio. Los primeros buzos fueron probablemente nadadores que buceaban en apnea, impulsado por la necesidad natural de ampliar sus fronteras con el fin de buscar peces, ostras, perlas, esponjas y corales que utilizaban como alimentos, elementos decorativos y transacción comercial.
Ya en el año 414 a.C. Tucídides destaca la existencia de buzos relacionados con la guerra naval y nos narra como aserraban las estacas bajo el agua, que a modo de obstáculos colocaban en la entrada del puerto en Siracusa cuya intervención caracterizó la Guerra del Peloponeso.
Las informaciones sobre las aplicaciones bélicas del buceo son muy numerosas a través de la historia en casi todas las guerras de la antigüedad, y dejaron de emplearse cuando los equipos de buceo hicieron su aparición y el buzo pasó a realizar su trabajo con fines comerciales o industriales, es decir el buceo se dedicó a la construcción de puertos, diques, varaderos, reparaciones de buques a flote, reconocimiento de averías, recuperación de objetos perdidos, salvamentos, etc... Dedicados a esta ingente labor, no vuelven a ser empleados directamente hasta el siglo XX.
En la Edad Media también encontramos noticias sobre el buceo militar. Durante la época del emperador Carlos I, fray Prudencio narra una acción concreta de tropas españolas en Alemania, venciendo al enemigo con combatientes entrenados en la natación y el buceo que, atravesando el ancho y caudaloso río Elba, tomaron Muhlberg.
Durante las guerras navales del Medievo, los antagonistas formaban cada uno sus equipos de buceadores, y cuando dos de estos equipos se encontraban bajo las aguas el resultados solía ser una lucha dramática y sangrienta. Uno de estos combates, desarrollado entre dos aguas, se produjo durante el sitio de Malta por el visir turco Mustafá Pachá en 1565. Temiendo el ataque, los malteses habían construido una empalizada desde La Sanglea hasta Corradino, inaccesible para los barcos pero no para los buceadores turcos, que emularon el asalto a Siracusa.
Pero Malta también disponía de sus buceadores. Ambos contendientes se encontraron bajo las aguas y esta es la descripción de la lucha: “Un horrible combate se desarrolla bajo las claras aguas del Mediterráneo; cada uno de los combatientes se sostiene aferrado al fondo con una mano, mientras emplea la otra para luchar con el hacha o la espada. La lucha se prolonga durante largos minutos y, al fin, los turcos son obligados a emprender la fuga habiendo perdido la mitad de sus hombres y dejando el campo de batalla a los malteses.” Antiguamente, se contrataba a los buzos para campañas determinadas, licenciándoles después y volviéndolos a contratar cuando eran necesarios, lo que provocaba una pérdida considerable de su capacidad operativa al permanecer un tiempo sin entrenamiento alguno.
Se llega así a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando en 1782 se produce un hecho trascendental en cuanto a la historia de nuestro buceo militar cuando, en el intento de minar el estrecho de Gibraltar, el general Crillón, responsable de la operación, organizó un grupo de buceadores a pulmón de apoyo que constituyó, sin duda, el primer equipo de buceadores de combate de la Armada Española.
Ya en el año 414 a.C. Tucídides destaca la existencia de buzos relacionados con la guerra naval y nos narra como aserraban las estacas bajo el agua, que a modo de obstáculos colocaban en la entrada del puerto en Siracusa cuya intervención caracterizó la Guerra del Peloponeso.
Las informaciones sobre las aplicaciones bélicas del buceo son muy numerosas a través de la historia en casi todas las guerras de la antigüedad, y dejaron de emplearse cuando los equipos de buceo hicieron su aparición y el buzo pasó a realizar su trabajo con fines comerciales o industriales, es decir el buceo se dedicó a la construcción de puertos, diques, varaderos, reparaciones de buques a flote, reconocimiento de averías, recuperación de objetos perdidos, salvamentos, etc... Dedicados a esta ingente labor, no vuelven a ser empleados directamente hasta el siglo XX.
Foto: Revista Armas |
Durante las guerras navales del Medievo, los antagonistas formaban cada uno sus equipos de buceadores, y cuando dos de estos equipos se encontraban bajo las aguas el resultados solía ser una lucha dramática y sangrienta. Uno de estos combates, desarrollado entre dos aguas, se produjo durante el sitio de Malta por el visir turco Mustafá Pachá en 1565. Temiendo el ataque, los malteses habían construido una empalizada desde La Sanglea hasta Corradino, inaccesible para los barcos pero no para los buceadores turcos, que emularon el asalto a Siracusa.
Se llega así a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando en 1782 se produce un hecho trascendental en cuanto a la historia de nuestro buceo militar cuando, en el intento de minar el estrecho de Gibraltar, el general Crillón, responsable de la operación, organizó un grupo de buceadores a pulmón de apoyo que constituyó, sin duda, el primer equipo de buceadores de combate de la Armada Española.
Fuente: Thalassa-On line El portal del mar
La participación del buceador a pulmón en las operaciones militares o en la pesca es, como ha podido verse, muy importante y antigua en el tiempo. Las referencias documentales y literarias de sus hazañas, a veces increíbles, han perpetuado la historia y la gloria de estos héroes anónimos. Sevilla Bajo El Mar se siente orgullosa de tener entre sus titulados a muchos de estos héroes.
La participación del buceador a pulmón en las operaciones militares o en la pesca es, como ha podido verse, muy importante y antigua en el tiempo. Las referencias documentales y literarias de sus hazañas, a veces increíbles, han perpetuado la historia y la gloria de estos héroes anónimos. Sevilla Bajo El Mar se siente orgullosa de tener entre sus titulados a muchos de estos héroes.
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